viernes, 29 de abril de 2011

sábado, 22 de enero de 2011

Cartas a la Reina de Corazones 7: Sabla Wangel


Reina:


Etiopía es, con mucha probabilidad, el lugar donde surgió la raza humana. Los restos más antiguos de homo sapiens que se conocen a la fechan proceden justamente de esta nación. El mítico Reino de Saba, mencionado en la Biblia, identificado como Etiopía, Según la leyenda, fue Menelik, hijo del rey Salomón y de la reina de Saba (Saba Dios como se llamaba) el fundador del Imperio Etíope. Los egipcios la conocieron con el nombre de Punt y de ahí se proveían de inciensos, ébano, piedras preciosas, marfil y esclavos. Ya te platiqué como la reina-faraón Hatshepsut organizó una célebre expedición a estos lugares.

El primer estado conocido que puede ubicarse con certeza en la actual Etiopía es el imponente y duradero Reino de Aksum, fundado en el siglo III A.C. por cerca del por gente que llegó de Arabia. Seis siglos más tarde el cristianismo fue introducido por el monje sirio Frumencio, quien logró la conversión el rey Ezana. Como consecuencia de esta temprana conversión la Iglesia etíope procede de la iglesia copta de Alejandría a la cual se mantiene fiel hasta hoy en día. La iglesia copta se caracteriza por sostener una visión teológica monofisita, la cual sostiene que en Jesús sólo está presente la naturaleza divina, pero no la humana. Por eso se dice también que los coptos cooptaron a los etíopes. Aksum decayó acosado por el crecimiento el Islam en la zona, que arrinconó por siglos a los etíopes en la zona sur del país.

En el siglo XIII se estableció en Etiopía llamado Zagüe, el cual fue breve pero que restauró al cristianismo en la mayor parte del territorio y, sobre todo, porque durante su reinado se excavaron las celebérrimas iglesias rupestres de Lalibela. El último rey Zagüe fue destronado por el cabecía Yekuno Amlak, que presumía ser descendiente directo de los reyes de Aksum y restauró la denominada "dinastía salomónica", que así se llamaba porque se proclamaba heredera de Salomón y la Reina de Saba. De estos momentos data también el título de negus negusti, rey de reyes o emperador, que distinguió al soberano de Etiopía hasta el derrocamiento de Haile Selassie en 1974. Y fue justo a finales del siglo XV que Etiopía comenzó a ser visitada por exploradores portugueses, muchos de los cuales creyeron haber encontrado en Etiopía el legendario reino del Preste Juan. A principios del siglo siguiente, el emperador etíope envió a la corte de Portugal a un emisario para solicitar la ayuda del monarca contra los musulmanes, que acosaban a su reino cristiano. Etiopía había sido invadida por un ejército musulmán procedente del Reino Adal, ubicado en la actual Somalia. Los musulmanes eran encabezados por su adalid Ahmad Ibn Ibrahim “El Zurdo” y eran aliados del Imperio Otomano. El negus Lebna Dengel (o David II) fue derrotado y se convirtió, junto a su valiente esposa Sabla Wangel, en un fugitivo, vagando por años de una ciudad a otra hasta que muere en combate en 1540. Ante tan caótica situación, la resistencia etíope decide ungir en el trono a la emperatriz a Sabla Wangel. A partir de entonces comenzó la reconquista del país. Sabla negoció hábilmente con Portugal una alianza y en 1541 llegó a Etiopía, procedente de la India, una flota portuguesa, que transportaba una fuerza de 400 mosqueteros bajo el mando de Cristóbal da Gama, hijo del famoso explorador Vasco da Gama. Los etíopes recuerdan aún hoy con orgullo la forma como la emperatriz Sabla Wangel, sentada sobre una mula, pasó revista a los 400 soldados de Cristóbal da Gama. Corría 1541.

Sabla participó en numerosas batallas, ayudando a los heridos, destrozando sus vestimentas para confeccionar vendas. En 1543, sus fuerzas y las de los portugueses derrotaron y mataron a Ibrahim. Los hijos de Sabla continuaron la dinastía, pero ella mantuvo su influencia política. Sabla Wangel gobernó sabiamente fortaleciendo al país y extendiendo sus fronteras. Con ella florecieron el comercio, la cultura y las artes e imperó en el reino etíope la tolerancia religiosa entre coptos y católicos. Puede decirse que gracias a su sabiduría y a la de sus sucesores se establecieron los cimientos de la época de oro del Imperio Etiope, el cual conoció su cenit bajo el reinado de Fasalidas el Grande (1632-1667).

Sabla no fue la única reina importante en la vastísima historia etíope. Ya hablaremos de algunas otras. A pesar de ello, actualmente Etiopía es un país que mantiene subyugadas a muchas de sus mujeres en condiciones infrahumanas. Una buena cantidad de mujeres etíopes son prácticamente esclavas que deben caminar muchos kilómetros para recolectar agua o madera. Hay jóvenes transportan hasta 60 kilos de piedras y arena a la espalda para construir una presa y reciben a cambio un salario pagado en harina, empleadas en la selección de los granos de café -un producto que representa casi el 60% de las exportaciones nacionales y del que vive aproximadamente un 25% de la población- y limpiadoras de incienso, que no perciben remuneración alguna hasta que no tratan una tonelada de dicho producto, algo que por otra parte les lleva una media de 45 días con jornadas laborales de más de 10 horas. Todas ellas son hoy esclavas en un país que fue de reinas.

Tu Oso

Cartas a la Reina de Corazones 6: Hatshepsut, faraona de Egipto

Reina:


Aunque habíamos quedado de que en estas cartitas de Domingo de Reina hablaríamos sobre todo de monarcas femeninas africanas relativamente desconocidas, hoy quiero romper un poco esta regla para hablarte de una de las más destacadas gobernantes de todos los tiempos. Nos remontaremos para ello muy lejos en el tiempo hasta el apogeo del antiguo Egipto, ni más ni menos que a su XVIII Dinastía (hubo en total XXX), cuando esta civilización conoció como nunca antes de riquezas y de glorias militares y cuando el faraón Tutmosis I y su reina principal, Amosis, trajeron mundo una hijita hermosa que se llamó Hatshepsut, quien desde chiquita fue muy, pero muy inteligente. Se distinguía por ser asaz observadora. Siempre se podía ver sus ojitos escrutadores muy atentos a lo que hacía su padre el faraón, quien fue uno de los grandes dirigentes del antiguo Egipto. Hatshepsut creció entre tres hermanos, dos de los cuales murieron antes que su padre dejando a un tercer hijo junto a ella. Este tercer hijo de Tutmosis I se llamó Tutmosis II, sin embargo, este era aún muy joven para reinar en Las Dos Tierras, el Alto y Bajo Egipto. Para darle una posición más firme a Tutmosis II ante la muerte de su padre, éste fue desposado con Hatshepsut para que ambos tomaran el trono de Egipto. Sí, en Egipto era común la boda entre hermanos. Y es que el faraón estaba muy impresionado por la inteligencia de su hija. De esta manera fue que se pavimentó el camino para que, dentro de las treinta dinastías que existieron en la dilatada historia del antiguo Egipto, hubiese una excepción en la que una mujer tomó el título de faraón; fue precisamente Hatshepsut, la observadora, primera mujer que conquistó el título de faraón.



Tutmosis II realizó campañas militares en los territorios extranjeros y sus éxitos más importantes tuvieron lugar en Nubia y Siria. Con Hatshepsut tuvo una hija llamada Ranofru. De Isis, una concubina de Tutmosis II, nació un niño que se le dio el nombre de Tutmosis III. Entonces, de forma inesperada y pese a que Tutmosis II parecía tener mucha energía, el faraón murió joven. Gobernó 14 años. Antes de su muerte designó a su hijo Tutmosis III a llevar en sus hombros la responsabilidad de reinar en el imperio más poderoso de la tierra, pero era un niño cuando se le entregó esta responsabilidad. Por eso la corte consultó a los dioses que debían hacer, la respuesta fue categórica: Hatshepsut debía acompañar al nuevo rey en un período de corregencia. De esta forma esta que fue una chamaquita tan observadora ascendió al trono en el año 1479 A.C.



Se hizo cargo del imperio por tres décadas mientras su hijastro, Tutmosis III, que se distinguió por ser un extraordinario comandante y estratega militar, dirigía el ejército. Extendió las fronteras egipcias hasta lugares lejanos. Logró la mayor extensión del imperio de todos los tiempos. Ella estaba contenta con la situación pero Tutmosis no lo estaba tanto ya que originalmente él había sido quién debía gobernar según su padre. Pero no tenía más opción que dar un golpe de estado para recuperar el trono o esperar a que Hatshepsut muriera. Su elección fue la segunda, quedándose él en el ejército mientras seguramente recordaba que era mucho más joven que ella por lo que algún día él sería el nuevo faraón.



Hatshepsut desempeño un eficaz gobierno que impulsó la industria y la agricultura. Uno momento culminantes de su reinado fue la expedición a las tierras de Punt (hoy Somalia), de donde llevó a Egipto variedades de plantas que adaptó a su clima. También se dedicó a la construcción de monumentos, muchos de los cuales aún pueden verse en casi toda su magnificencia. Su principal arquitecto fue Sen en mut, enigmático personaje que desde siempre ha generado muchas especulaciones entre los Egiptólogos. Se sabe que era de origen humilde ya que sus padres eran simples plebeyos. Empezó por ser el mayordomo de Hatshepsut pero muy prontamente fue ganando méritos y a la par iba siendo ascendido de cargo hasta el punto que tuvo mucho poder en el reinado de la reina-faraón. Sin suda fueron amantes. Recibió los cargos de arquitecto en jefe, supervisor de obras, supervisor de los graneros y de los tejedores de Amón. Todo este camino recorrido por Sen en mut no era nada fácil y mucho menos si recordamos que venía de entre los plebeyos. El monumento más impresionante ordenado por Hatshepsut fue su templo funerario, uno de más hermosos y singulares de todo el mundo. Tuve la oportunidad de conocerlo. Está ubicado detrás del Valle de los Reies en lo que hoy se conoce como Deir al Bahari. Se encuentra relativamente al lado del templo de Mentuhotep I e inspirado en éste se construyó el de Hatshepsut. Está dedicado principalmente al dios (m) Amón pero también -en una escala menor- a Hator y a Anubis, el perrito. La reina-faraón también ordenó la construcción de los bellos obeliscos de Karnak (qué también conozco, je, je).



Tras alrededor de 29 años de reinado, Hatshepsut muere. No se sabe como sucedió, si fue una muerte natural o no. Simplemente se sabe que al ella morir, Tutmosis III finalmente subió al trono. También se llega a creer que Tutmosis tuvo algo que ver en su muerte pero esta teoría tampoco encuentra las pruebas suficientes para asegurarlo. Lo cierto es que después de la muerte de Hatshepsut fueron destruidas muchas de sus imágenes y se borró el nombre de esta gran reina-faraón de los monumentos. Para ser inmortales los egipcios necesitaban que su nombre se repitiera y no se perdiera en el olvido y borrar el nombre era condenarla al olvido, por eso Hatshepsut debía ser borrada de la historia egipcia y de hecho, esto se hace evidente cuando se le omitió en la lista de reyes hecha en tiempos de Seti I y Ramses II en la Sala de los Antepasados del templo de Abidos durante la XIX Dinastía. Pero los muy tarugos cometieron un error: sus monumentos fueron enterrados con el fin de olvidar ese período “vergonzoso”, pero lo que en realidad se logró con esto es que irónicamente a la idea de borrar toda su memoria se conservó de una manera muy satisfactoria: la arena protegió estos monumentos como nada lo hubiera podido lograr. Por eso es que hoy más que nunca, Hatshepsut, La Primera de las Mujeres Nobles como la traducción de su nombre lo indica, figura entre los monarcas más importantes de toda la historia egipcia.

Cartas a la Reina de Corazones 5: Ranavalona I de Madagascar


Reina:


Hasta ahora hemos abordado en estas cartas a reinas heroicas y valientes que han encabezado una férrea resistencia armada de sus pueblos en contra del imperialismo europeo. La reina de hoy también supo defender a su tierra del expansionismo occidental, pero utilizando métodos muchos más crueles e incluso perjudicando considerablemente a su propio pueblo. Los historiadores occidentales la han llamado con epítetos tales como “la Calígula Hembra”, “la Maria Sangrienta de Madagascar (en recuerdo a Bloody Mary, aquella cruel reina británica) y la “moderna Mesalina”, pero sus paisanos tienen un recuerdo de ella más condescendiente aunque, como te digo, también se ensañó con la población indígena. Se trata de la reina Ranavalona I de Madagascar, cuyo kilométrico nombre completo fue Rabododoandrianampoinimerina, de a cuerdo a la costumbre que tienen en este exótico país de ir incluyendo los nombres de los antepasados a los apelativos de la gente. Nació en 1782 en Antananarivo y fue Reina de Madagascar desde 1828 hasta 1861 tras suceder a su marido, Radama I muerto en extrañas circunstancias: envenenado y con el casi seguro concurso de su tierna esposa. A parir de ese momento Ranavalona impuso un terrible reino de terror aunque, te repito, muchos africanos, especialmente la gente de Madagascar, no comparten este punto de vista y mientras reconocen que el suyo fue un régimen autocrático, también la ven como una gobernante que se resistió bravamente a la invasión económica y cultural extranjera.

Mujer diminuta y de mediana edad, lo primero que hizo tras ser coronda reina fue invalidar todos los tratados internacionales que había firmado su esposo con las potencias extranjeras y expulsó de la isla a los no nativos. Los que peor lo pasaron fueron los cristianos. En torno a 1835 movilizó un ejército para perseguirlos. Todos los misioneros fueron pasados a cuchillo y el ejército malgache (que es el gentilicio de Madagascar) ejecutó a todos los que llevaran una biblia o profesaran la fe cristiana en público fueran blancos o negros. Se calcula que alrededor de 150 mil cristianos murieron a manos de Ravalona. Pero la cosa no quedaba ahí, a Su Majestad le encantaba torturar a los reos. Uno de sus métodos preferidos era atar al cautivo a la boca de un pozo y hacer que sus soldados tiraran agua hirviendo, de forma que el líquido fuera subiendo y escaldara vivo la víctima. Los adversaros políticos y aquellos que infringían las draconianas leyes impuestas por la reina no lo pasaron mejor que los cristianos: eran obligados a beber toda clase de venenos que la reina preparaba personalmente, y es que Ranavalona era una fanática de los venenos. Mandaba buscar por su reino las plantas y hongos más mortíferos para elaborarlos ella misma. También obligaba a los reos veneno a nadar en aguas infestadas de cocodrilos. Incluso omitió mostró clemencia con el ejército de esclavos a su servicio. Por pura diversión, una vez eliminó a 10,000 de ellos en una sola semana de festejos dizque pa’ amenizar la pachanga, que se le estaba haciendo muy aburrida. También forzaba a sectores de la población que no simpatizaban con ella a trabajar hasta la muerte en minas y campos, mientras que poblaciones enteras fallecieron de hambre como castigo a alguna impertinencia.

Hay quienes calculan que casi la mitad de la población de Madagascar falleció víctima de la vesania de esta reinita, mientras ella disfrutaba de un estilo de vida excéntrico y disoluto. Se mandó construir un hermoso palacio de la que todavía hay restos. También, por decreto, se consideró a sí misma como una diosa encarnada. Hay un estupendo libo de un autor británico llamado Keith Laider en donde cuenta la fascinante historia de este insólito reinado. En un párrafo de esta obra describe la forma en la que fueron ejecutados unos cristiano: “Los siete cristianos se mantenían en pie unidos bajo el brillante sol, amarrados con fuertes sogas, cantando un himno a su salvador extranjero mientras los lanceros avanzaban. a su alrededor, una muchedumbre de hombres, mujeres y niños, más de sesenta mil, se abría paso a empellones.., aclamaban con entusiasmo cuando las lanzas daban en el blanco y, uno tras otro, hombres y mujeres caían retorciéndose en la tierra arenosa, y su himno se apagaba lentamente sobre los cuerpos que aun se retorcían. En una colina varias cruces se mantenían en alto como mudos testigos, portando sus lúgubres cargas, algunas aun vivas a pesar del día y medio que habían colgado sobre los maderos”

Obviamente, con tanta atrocidad la isla se sumió en el aislamiento. En 1845 una misión anglofrancesa intentó poner fin a aquel reinado de terror, pero fracasó. Tras esta intentona estaba su propio hijo , que pidió a Francia su intervención para terminar con el demencial gobierno de su mamaíta. Las puertas de Madagascar no se abrirían hasta 1861, cuando falleció la reina tranquilamente en su cama. Su hijo, Radama II reinó competentemente y su reinado suplió en alguna medida aquel desastre, pero en Madagascar no se olvidará el gobierno de la reina más sangrienta del siglo XIX.

Según informa el Atlas de The Onion, la comunidad de lémures ocupa el poder político de la isla de Madagascar desde 1965, año que ganaron la mayoría en el parlamento.

Te ama y te extraña mucho tu Osito, a quien se le ve triste y desconcertado